Como sanguijuelas en alcantarilla

Inconformes e indolentes con los incesantes esfuerzos del intérprete, por descifrar los guiones provistos de llantos, caballos, drogas, balas y motosierras; a Serpa se le ocurrió poner a prueba las habilidades del traductor, declamando una de las frases de combate de Gaitán: “no son sino la misma perra con diferente guasca”; y cómo si no fuera suficiente, más complejo aún de transmitir para el intérprete , la ocurrente metáfora de la carismática y debutante parlamentaria Claudia López, sobre “la sanguijuela huyendo por la alcantarilla”.

Empezaron a desfilar los impedimentos que suponían  la presencia en el recinto de parapolíticos a granel y se estropeaba el sonido de manera imprevista cuando el Senador Cepeda afiliaba su homilía.

Voldemort¹ el innombrable,  hacía su ingreso triunfal en el sagrado recinto asediado por luces, cámaras y portavoces; alguno de los cuales despreció e intimidó, entre otros prepagos del periodismo. Su estancia fue intermitente como bombillas de árbol de navidad, entró para recitar un extenso y tedioso monólogo de estirpe autoritario, más afín con una rendición de cuentas de su pretérita gestión, y abandonó el aposento cuando llegó la hora de escuchar a los demás.

Sacó de la valija una colectividad de ventrílocuos  adiestrados en su método de desprestigiar a los demás para ocultar su propio desprestigio, con injurias y sin pruebas. Instaló sus peones: Jaimito el cartero, encargado de pasar los memos recordatorios al desmemoriado amo y señor; la Paloma en versión desmejorada de la Loca de las Naranjas, a quien se le salió lo “Cabal” que todo innombrable lleva dentro; y fue tanto el estruendo de su alocución que hasta logró aterrar a Doña Gloría, la anciana del Metrocable. Por último el coro de comediantes en forma de perritos de tableros de taxis con mal de rabia.

Desfiló también  desde la alfombra roja de su atril y en representación del ala ultraderecha de la izquierda, el siempre admirado Senador Robledo, quien aprovechó el debate para victimizarse y referirse a su propio yo; así mismo ensañarse contra el Presidente refrendando su dogma opositora y de paramilitarismo nada habló, pasando de agaché como si coquetear quisiera. Se complicó aún más la labor del intérprete cuando llegó el turno del Senador Navarro Wolff, la cara amable de la izquierda colombiana, con su decente, acertado y conciliador discurso.

Todo iba de maravillas hasta que tomó el uso de la palabra Everth Bustamante, un exguerrillero bautizado en el “Puro Centro” por obra y gracia de la incoherencia. Emprendía su cátedra de dogma y moral, mientras las almas de Pizarro y Bateman se revolcaban en las tumbas donde yacen sus restos. También ha de revolcarse en su morada postrera nuestro prócer y libertador Simón Bolívar ante tamaña bestialidad de Paloma Valencia de comparar la historia que precede su buen nombre con la historia del Señor de las Sombras².

El “frentero” desilusionó, respondiendo de manera  abstracta acusaciones que nadie le estaba haciendo; todo un cinta negra para desviar el tema, empezó a temblar y a descomponerse, creí que enjugaba alguna lágrima cuando inclinó el rostro y hasta parecía que se quebraba su voz. Se reincorporó de inmediato como todo un hombre de corazón grande para recibir la ovación a su magistral actuación.

Con la partida del Gran Colombiano, conocimos en vivo y directo los desplantes de nuestra Democracia, recordé  impensadamente a los fugitivos Restrepo, Hurtado, Arias y Morelli, cuestionándome con qué autoridad moral somos capaces de juzgarlos. Se marchó dejando a sus secuaces la tarea de responder las acusaciones que él no pudo.

Culminado el debate empezó el desfile de congresistas en la Corte Suprema de Justicia para interponer sus respectivas acusaciones; y solicitudes de rectificaciones por doquier, como las del General Herrerra Berbel uno de los testigos estrellas del Gran Colombiano, quien negó haberlo invitado al homenaje del hotel Tequendama.

Acabé más desequilibrado de lo que naturalmente soy, no entendía si el debate era por la dosis de la verdad que demanda el país o se trataba de un cumplido a la gestión del antepenúltimo gobierno; el por qué en un país de ciegos sólo había interpretación para sordomudos y por qué si las actuaciones del Voldemort son honradas, él sospecha de todo el mundo.

Dejo constancia que no lo nombré,  dando estricto cumplimiento a los impedimentos de la Comisión de Ética para el debate en caso que me aplique. Quedo atento a la venta del video del debate en los semáforos del país con fines de colección, y en espera que deje de retumbar en mi virgen e ingenua conciencia la escabrosa idea que un hombre como Mancuso sienta miedo.

¹Voldemort, enemigo principal de Harry Potter y a quien la comunidad mágica lo teme tanto, que prefiere referirse a él como «Quien-Tú-Sabes», «El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado» o el «Innombrable».

² El señor de las sombras – Biografía no autorizada de AUV, libro de Joseph Contreras y Fernando Garavito (2002).