Compadre Andrés Ríos

Dispense los mayúsculos agravios a su persona y a su raza vasca y parca de quienes sólo advirtieron el despropósito y menoscabo cultural en su artículo “Contra los costeños”. De manera mesurada y razonando sobre su dinámica retórica de humor, me permito aseverarle:

La estampida de desdén que emana lo más inhóspito de nuestra idiosincrasia costeña obedece a los patrones de diferencias culturales que ustedes, los del interior del país, han  inoculado en la sociedad colombiana, pregonando una tergiversación de nuestras peculiaridades,  polarizando y rivalizando los habitantes caribeños con los del altiplano.

Cavernícolas frígidos, vocean  preferentemente a través de medios de comunicación, muchos de su propiedad, prácticas discriminatorias raciales y culturales contra los caribeños, con la misma vehemencia (guardando la proporciones) con la que Hitler y los Nazis declamaron su dogma de la pureza étnica, perpetrando el mayor genocidio de la historia de la humanidad.

Más de medio siglo después, condenados al tercer mundo poco hemos asimilado, heterogéneos actores de la sociedad de las comunicaciones sufragan la desmembración cultural que ha engendrado en nuestra sociedad el frívolo ideal que somos un país de regiones, libreto refrendado en todos los niveles y órdenes , es de caracterizar el deporte, la academia, la literatura, la farándula,  la política e incluso el esparcimiento con decadentes realities que alimentan la rivalidad; entre un sinfín de escenarios cotidianos que exhuman  todo esfuerzo de los colombianos por sobreponernos a esas diferencias a las que nos han sentenciado, contaminando nuestro albedrío a través de figurados, calcados y repetitivos clichés emitidos en televisión nacional.

En hora buena resucita su artículo, circunstancial para suscitar una ideología de integración, cristalizable bajo el respeto y el reconocimiento de la diversidad cultural. Inverosímil que en un país de imperecederas guerras y violencia, máxime ante la enfrenta del actual proceso de paz, los colombianos aún no hemos conseguido descollar minúsculas diferencias, causales determinantes del retroceso social, político y cultural.

Como corolario de lo anterior, su osado y persuasivo ejercicio de humor  no expresa como en su colofón expone, que los costeños somos la región más susceptible ante las críticas, cuya lectura se extracta  de las más de ciento treinta mil visitas y seis mil comentarios que superan todo rating  de la revista Soho en su versión web, inclusive el desnudo de Amparo Grisales.

Por el contrario, nuestra conjunta solidaridad y apasionada repulsión dan cuenta del fervor y temple que nos caracteriza. Así mismo personifica la vanidad que nos otorga el fuero de ser aborígenes caribeños.

Un caluroso abrazo costeño.