Del Socialismo Maduriano y el legado Chávez

Para mis amigos los radicales: “No seré tan inoperante para transmutar mis convicciones, ni seré tan testarudo para no reconocer cuando se comete una injusticia”.

Juro haber probado descifrar  el Socialismo de Maduro, extractado de tesis primitivas que inobservan fenómenos posmodernos como la globalización. Guardando las proporciones de las épocas, infiero no se asimila a los Socialismos de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Che Guevara, Mao Tse Tung, Rosa Luxemburgo, Robert Owen, ni siquiera al de Hugo Chávez; asumo que se revela una nueva erudición tan original como su exponente: el Socialismo Marudiano, más símil al Socialismo de Stalin.

Mi advertencia precedente no acomete una parodia, se trata de reflexiones extractadas de las actuales circunstancias por las que atraviesa Venezuela: social, política y económicamente. Soy de los que particularmente cuando se trata de guerra mediática, creo solo el diez por ciento  de las cosas que se expresan, que en el caso de Venezuela constituye un porcentaje suficiente que me exige cavilar.

De mi consideración, más allá de las doctrinas políticas, a la gente no le interesa Bolívar ni Lincoln; ni si es Socialismo o Capitalismo, a la gente le interesa prosperar, desarrollarse, vivir bien y en paz, con un gobierno que le garantice la salud, la educación, la recreación, el empleo, la seguridad, la alimentación y el futuro; donde se pueda competir y regular al mismo tiempo; sin favoritismos ni clases sociales, donde haya justicia y democracia; sobretodo provisto de gobernantes justos e impolutos que les quepa el país en el corazón.

Estructurado el Proyecto Bolivariano y edificado los colectivos sociales y el poder popular que Chávez construyo a partir de las elecciones de 1998, debate que mereció el reconocimiento internacional como una auténtica demostración de la democracia en acción y una revolución pacífica a través de las urnas y no de las armas; era prominente el esquema basado en la ideología del Socialismo del Siglo XXI. Prontamente esa hegemonía que caracterizó en sus inicios al Chavismo, abanderando la lucha por derrotar la pobreza, la desigualdad y la injusticia social; el individualismo y el egoísmo, antivalores sobre los cuales se sustenta el sistema capitalista y el despotismo neoliberal; se fue dilapidando dado que acabaron emulando los mismos vicios que increpaban de la IV República y que los hizo opción.

Como corolario de lo anterior coligo, son las malas prácticas de los hombre quienes trasgreden los sistemas, causa por la cual tanto el capitalismo y el socialismo fracasaron; de allí que hoy se estudien nuevos modelos socio económicos y de producción.

Poco conocíamos de Maduro, y suponíamos que el heredero y más llamado a la consolidación del Proyecto de Chávez superaría las expectativas, resolviendo los aspectos del chavismo llamados a replantear: la urgente metamorfosis de una situación económica efímera, un  Estado y aparato militar permeado por la corrupción y la imperiosa necesidad de forjar la unidad entre venezolanos; entre un sin fin.

Maduro aún no acaba de entender que él no fue electo por su vocación sino por el endoso que a su nombre le hizo Chávez, que Venezuela es de los venezolanos y no de un partido ni de una clase en particular, que las decisiones transcendentales deben ser sometidas a voluntad del pueblo, que no se puede gobernar aisladamente máxime desde una presidencia que no alcanzó su elección  siquiera con un punto de diferencia, lo que es muy diciente que la mitad del país no respalda un sistema. Esa otra mitad merece su observancia e inclusión en las decisiones, pero además dada su condición de venezolanos merecen respeto.

He visto malos Presidentes con buenos asesores y buenos Presidentes con malos asesores; pero hay que tener muy mala suerte para ser un mal Presidente y estar rodeado de pésimos asesores. Las comparaciones suelen ser grotescas, pero la inteligencia política de Chávez no se podía cuestionar. Con todo y su aparente rudeza y la falta de estilo o sutileza, Chávez sabia medir los tiempos, sabía cuándo y qué decir; sabia ser duro cuando era necesario y dialogar cuando lo ameritaba; y eso lo tenían claro incluso sus opositores, pero el carisma no se hereda ni se endosa y Maduro ha terminado chocando hasta con su sombra, rasgó ese intimo lazo personal de lealtad que estableció Chávez con millones de venezolanos que conformaron sus bases chavistas, transgredió la alianza izquierdista que bulle con divisiones internas por poder, pelea inclusive con sus homólogos aliados. No se comporta como Presidente de los venezolanos, parece que aún estuviera en campaña electoral. Un verdadero Presidente triunfa mediante sus acciones y nunca mediante la discusión. Cualquier triunfo momentáneo  que se crea haber logrado con una discusión es en realidad una victoria pírrica: el resentimiento y rencor que se provoca son más inmensos y perdurables que cualquier cambio de opinión pasajera.

No obstante a que el chavismo conserve el control del parlamento y  gobernaciones, el espacio descontado de la oposición es una señal incontrastable  que se avecina un cambio generacional, ello admite muchas lecturas de cara el porvenir. La primera de ella es admitir que el chavismo sin Chávez fracasó por el endoso de hegemonía dogmática construida en catorce años y la supervivencia del Proyecto Bolivariano sobre alguien que  patentizó su invalidez académica y de liderazgo para gobernar Venezuela.