El holocausto de nunca Hamás

No en vano, dos premios Nobel de Paz hispanoamericanos e ilustres  académicos del mundo aclaman hoy el embargo militar a Israel. Razón tenía el carismático líder latinoamericano Hugo Chávez cuando incriminara al Estado de Israel de terrorista y asesino tras el asalto armado en 2010 a la flotilla internacional de pacifistas que  transportaba alimentos y ayuda humanitaria a los palestinos de la Franja de Gaza, alocución que hasta ahora  muchos empiezan a comprender.

Sin desatender lo que encarna el Movimiento de Resistencia Islámico: Hamás, la perversidad de Israel es apocalíptica, recurriendo a cuanto método de barbarie a fin de extinguir el pueblo de Palestina; es de caracterizar el bloqueo a los territorios palestinos de Gaza convertido en campo de concentración por las fuerzas sionistas que condenan a la pobreza a miles de personas y las sitúa a merced del fundamentalismo; las masacres dirigidas en incursiones militares que no apartan la población civil, el cerco de ciudades, las voladuras de moradas y campos; torturas, arrestos masivos y usurpación de recursos naturales; entre otros.

La operación sionista de exterminio físico y cultural del pueblo Palestino, fue catequizada desde mitad del  siglo pasado, a partir del establecimiento del Estado de Israel sobre casi el 80% del territorio histórico y original de Palestina, siendo fragmentados y cercados por una gran muralla de separación racial. Pese a que la Organización de las Naciones Unidas  representada por sus 193 Estados soberanos, emanó el restablecimiento del pueblo palestino a sus tierras de origen, Israel aún contraviene impunemente.

Después de las embestidas militares, otra de las formas de aniquilación más devastadoras de Israel  es la usurpación al recurso hídrico en tierras palestinas, un hurto de cerca del  85% del agua. Aunado a ello, la inhumana distribución del recursos entre árabes e israelíes, dónde los palestinos consumen en promedio diario, cuatro veces menos que los de Israel, marginando a los palestinos mínimamente al consumo humano del preciado líquido mientras en los asentamientos ilegales Israelíes en territorios palestinos ocupados como Cisjordania abunda agua potable, piscinas y frondosas áreas verdes.  Es menester señalar que Cisjordania posee la principales fuente del recursos hídrico de Palestina, razón elemental que explica el por qué Israel sigue ocupando ese territorio. Tal vez algunos habrán escuchado que las guerras futuras serán por la posesión del agua, bueno, en ésta parte del mundo se adelantaron.

De otra parte, los encarcelamientos masivos y torturas constituyen el mayor índice a nivel mundial de crueldad en ese sentido, mediante los cuales se reprime y somete a la población palestina. Se estima que más de setecientos mil palestinos se encuentran detenidos por Israel, de los cuales diez mil son mujeres y cerca de cuatrocientos son niños. Israel, del mismo modo que otros regímenes colonialista practica los encarcelamientos sin posibilidad de juicio y sin necesidad de acusación previa, instituyendo únicamente sus motivaciones en la ambigüedad de la mal llamada seguridad pública. Así mismo, las torturas son habituales en las prisiones israelíes.

Las masacres dirigidas a la población civil vulnerable constituyen la mayor barbarie ejecutada por las fuerzas sionistas de Israel en los campos de refugiados palestinos. Ya son miles de muertos a lo largo de la historia de esta vil guerra, cuyos caídos sólo son recordados en el silencio e intimidad de sus parientes desplazados por las perennes incursiones expansionistas de Israel.

Los ataques se registran habitualmente, no obstante no son cubiertos por las principales cadenas abyectas a las potencias que fungen de secuaces y acallan frente a la depuración étnica que embiste al pueblo de Palestina. Los colonos israelíes son unos infalibles sanguinarios  que arremeten infatigablemente contra los poblados palestinos. No hay derecho a que ignoremos la brutalidad con la que Israel socava cualquier intento de paz por parte de Palestina.

Resulta utópico intentar asimilar la magnitud del terror que ejercen los ocupantes Israelíes con la legítima  resistencia que despliegan los palestinos. Es pertinente recordar que en el derecho internacional a los pueblos ocupados les asiste el derecho de resistir y repeler la ocupación, así como librarse de la dominación colonial y de la subyugación foránea por todos los medios a su alcance, incluida la lucha armada. Como corolario de lo anterior, queda manifiesto que son legítimos los ataques contra blanco militares y bajo ninguna circunstancias se justifican ataques contra civiles inocentes. Así mismo el cuarto Convenio de Ginebra prohíbe la guerra total en lo relativo a la protección de personas civiles en tiempo de guerra,  convenio igualmente transgredido deliberadamente por las milicias de Israel.

El terrorismo que imparte Israel en la Franja de Gaza no se asemeja a ningún otro acto terrorista del mundo. Los israelíes repiten la historia del holocausto del que fueron víctimas a manos de la Alemania fascista de Hitler, esta vez contra el pueblo palestino. La ocupación criminal de territorios palestinos continuará siempre que los pro-sionistas desde el Norte de América y parte de Europa sigan tolerando y apoyando al Estado de Israel, lo cual refrenda nuestra perenne condena de una sociedad global cada vez más decadente e impasible.