Húber, el Leopoldo López colombiano.

Nos inocularon censurar la criminalización de la protesta social extranjera y silenciar en la propia. Que un protestante extranjero es un demócrata indignado y el colombiano un mamerto subversivo.  Nos adiestraron  condenar  la aprehensión de los setenta y siete reclusos políticos en Venezuela y de los ciento uno que quedan en Cuba, pero a callar  sobre los más de diez mil que hay en Colombia. Que los gobiernos que se reeligen son un régimen, excepto cuando se trata del nuestro y que el agente policial que vapulea al pueblo es un tirano, salvo cuando es del Esmad.

Leopoldo López representa para la clase reprimida en Venezuela lo que Húber Ballesteros para el malogrado  campesinado colombiano. López cooptó el espíritu de cambio de los venezolanos indignados, mientras Húber encarna la voz agraria y popular colombiana. A López se le atribuye la autoría intelectual de cuarenta y tres muertes y más de ochocientos heridos en el marco de las protestas civiles en Venezuela en febrero de 2014, y a Húber se le vincula como infiltrado insurrecto del Paro Nacional Agrario que se llevó en treinta departamentos de Colombia en el 2013 y que dejó un saldo de ocho muertos y más de cuatrocientos heridos.

López lleva dieciocho  meses de arresto motivados en una supuesta la traición y Húber  veinticinco por rebelión. López salió a las calles con miles de manifestante con consignas contra la delincuencia, la alta inflación y la escasez de productos básicos en Venezuela; y Húber con los campesinos, cafeteros, camioneros y estudiantes, a proteger la producción de semillas nacionales para sus cultivos y rechazar categóricamente  la imposición de semillas transgénicas y extranjeras, orientadas por el TLC con los Estados Unidos.

La Fiscalía venezolana presentó ciento cuarenta y dos pruebas para acusar a Leopoldo López, argumentadas en arengas de incitación  a la violencia y sustentadas en treintaiún  videos cargados en la red social YouTube; y asimismo un peritaje de análisis discursivo y fonético. Por su parte, a Húber Ballesteros se le imputa la relación de su nombre en los correos del computador de Raúl Reyes, además del testimonio de alias “Olivo Saldaña” que lo vincularía con la guerrilla de las Farc.

En honor a la razón es pertinente aclarar que en el 2011 la Corte Suprema de Justicia declaró cómo ilícita la información contenida en el antedicho computador, la cual carece de sustento jurídico y  se presume su adulteración; y que alias “Olivo Saldaña” hipotético desmovilizado del bloque ficticio de las Farc, por el cual se encuentra prófugo de la justicia el ex Comisionado de paz Luis Carlos Restrepo por falsas desmovilizaciones, fue desacreditado como testigo al intentar vincular con la guerrilla, entre otros políticos colombianos, al Honorable Senador  Jorge Enrique Robledo; además de haber recibido a cambio numerosos beneficios en el programa Justicia y Paz.

De no haber enunciado en el título del artículo a Leopoldo López, seguramente no sabrías aún quién es Húber Ballesteros. Ello prueba que hay una poderosísima corriente de la comunicación que recrea nuestra atención, estimulando los prejuicios hacia el resto del mundo y convirtiéndonos por ignorancia en cómplices de la desidia local.

Nos exhiben que el vecino ha deportado mil de los nuestros, pero no nos dijeron que cuatrocientos mil colombianos están refugiados en el exterior por cuenta del conflicto armado interno, el mismo que ha puesto más de doscientos veinte mil muertos. Nuestros medios no nos cuentan que el 12% de la población de Colombia, unas seis millones de personas fueron desplazadas forzosamente, que estamos en el pódium de la corrupción en América Latina y que el 64% de los asesinatos a sindicalistas de todo el mundo se cometen en Colombia. Dicta el refrán que vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro.

Sigamos siendo los más felices del mundo por cuenta de los medios de comunicación. Que liberen a Leopoldo y que liberen a Húber.