La capital del TLC sin luz

Gracias al desarrollo exponencial que ha sostenido Barranquilla en los últimos años, es de caracterizar el crecimiento acelerado en el sector de la industria y la construcción principalmente, aunado a nuestra privilegiada posición geográfica, de la cual se dice, conecta el país con el mundo; hemos madurado la idea de posicionarnos como la capital empresarial de Colombia frente a los tratados de libre comercio, argumento refrendado por gremios, analistas y representantes del gobierno central.Prueba de ello, los ingentes esfuerzos y ejecutorias  de la administración distrital en materia de competitividad, es de destacar el desarrollo de obras de infraestructura vial, educativa, hospitalaria, urbanismo y logística, así como el mejoramiento en la prestación de servicios de salud pública, educación con calidad, innovación y desarrollo empresarial; elementos esenciales para la generación de confianza y garantía inversionista.

No obstante, inobservan curiosamente los analistas,  las precarias condiciones de prestación de servicios públicos en la ciudad, criterio básico para el fomento de la inversión y determinante para la medición del desarrollo,  la competitividad, la desigualdad y reducción de la pobreza. En el último mes,  los usuarios del servicio de energía eléctrica de Barranquilla y su área metropolitana, hemos sido sometidos a constantes racionamientos de luz y agua como consecuencia de una prestación de servicio decadente, auspiciada por las deficiencias en la infraestructura del sistema eléctrico, la falta de mantenimiento, reposición y ampliación del mismo, como lo son: las plantas, subestaciones, postes, redes, transformadores y otros elementos que representan riesgos para los usuarios del servicio.

Valiéndose de la coyuntura actual, han intentado convencernos que la presente crisis de fluctuaciones en el servicio, obedece a la llegada del invierno y por ende a los estragos que causa la lluvia sobre las redes eléctrica, omitiendo que más allá de éste último menester, los problemas de suministro de energía datan de mucho antes, y que se ha ahondado por lo menos durante el último mes con racionamientos diarios en varios sectores de la ciudad sin una comunicación formal a los usuarios del servicio sobre las interrupciones.

Es decir, que Electricaribe, una de las empresas más prominentes del país, no ha logrado diseñar un plan de contingencia provisto de mantenimientos preventivos, ni de capacidad de reacción destinado a resguardar el buen estado de las redes de energía y a mitigar los impactos cuando se causen averías en el sistema. Aunado a ello, las cientos de quejas que son registradas mensualmente, más de tres mil en la pasada anualidad, representadas en los abusos en la facturación, cobros indebidos, la insatisfacción de los usuarios por la incapacidad de la entidad para resolver las quejas, el daño de electrodomésticos y alimentos por la irregularidad de energía y el mal estado de los postes; y los descomunales apagones ocurridos en el último mes, que dejan muertos, heridos, alteraciones de orden público y de movilidad, por cuenta del cese del funcionamiento de algunos semáforos.

Paradójicamente la empresa Electricaribe facultada por el legislador,  obra de juez y parte en los procesos de actuación administrativa, vulnerando el derecho al debido proceso, a la intimidad y a la defensa; violentando inmuebles y sancionado por doquier a los usuarios, hostigándolos con revisiones de contadores y acometidas permanentes sin previo aviso, incumpliendo con la formalidades que la ley emana y adicionalmente intimidando a los usuarios morosos inclusive con cartera de treinta días,  con  medidas represivas de corte del servicio.

Desde antaño nos acostumbramos a  culpar del letargo del desarrollo de la ciudad a la administración pública, sin embargo, ésta entendió desde la penúltima década que se debía dar continuidad a los planes y programas más allá del color político o de intereses particulares; y justo hoy, cuando es la administración pública la que abandera el desarrollo local, son éstos monopolios del  primer mundo, apadrinados por una clase política y empresarial inmutable e impasible; los que nos condenan a vivir en el tercer mundo, como desde épocas de la colonia, teniendo como particular coincidencia que son los españoles quienes siguen administrando nuestros recursos como desde hace más de quinientos años.

Queda claro que las fallas en la prestación de los servicios públicos afectan la competitividad del distrito de Barranquilla, generando un retroceso en los esfuerzos por incentivar la inversión y por ende la generación de empleo formal en la ciudad. Ya es hora de intervenir a Electricaribe e imponerle sanciones como consecuencia de las múltiples fallas y la funesta prestación de un  servicio descontinuo y de mala calidad con  interrupciones prolongadas.

Así como el Estado tuvo la prerrogativa de delegar a particulares la finalidad social de que trata el artículo 365 de la carta magna, el señor Presidente de la República debe proceder e intervenir a Electricaribe por todas las razones expuestas en párrafos precedentes y a las demás empresas prestadoras de servicio público cuya responsabilidad compete al Estado.

Del mismo modo debe intervenirse a la Superintendencia de Servicios Públicos, por el insensible, sirviente y subordinado rol que ostenta en resguardo de los intereses de las empresas prestadores de servicios públicos.