La clase media en la reforma tributaria.

No obstante al deficiente manejo dado al  proceso de paz en la Habana y al paro agrario en Colombia entre otros, el Presidente se echó la soga al cuello en sus aspiraciones de reelección, con la reforma tributaria, cuyo carácter regresivo, disminuye impuestos a los magnates y golpea a la clase media y a la indigente clase trabajadora colombiana.

El presidente dejó al desnudo su catadura plutocrática, con su cinismo acostumbrado mintió una vez más a la nación, pretendiendo convencer a los colombianos como a sus secuaces del congreso, que los que más ganan en este país son los empleados y profesionales que devengan sueldo u honorarios, se burla del pueblo el Presidente, cuando previo a la presentación del proyecto de reforma conocíamos las descomunales ganancias que alcanzaron empresarios nacionales y multinacionales, es de caracterizar entre otros, los 19 Billones ganados por el sector financiero, los 2.8 billones de ganancias de Carlos Slim, y las utilidades obtenidas por los Sarmiento Angulo, los Ardila Lule y Pacific Rubiales, a quienes la reforma les rebaja 8 puntos en la renta.

 Para los empleadores contribuyentes (empresarios) la renta bajó del 33% al 25%  esto representa al año unos $8,06 billones, ingresos  que dejará de recibir en calidad de tributo la nación y ¿de dónde creen Uds. que saldrán?, del impuesto al trabajo de las clases medias. Básicamente, con el  Impuesto mínimo alternativo nacional (IMAN) las personas naturales que ganan entre $3’300.000 y $5’150.000 deben pagar un gravamen de renta del 1%. Para los que están entre los $5’150.000 y los $15’000.000 un 5% a 7%. Y los que estén arriba de este monto, pagan una tarifa del 15%.

En esencia el problema no está en el cobro de impuestos sino en el uso que se le da a estos importantes recursos. En Colombia los impuestos se utilizan para el pago sueldos y honorarios de los congresistas, de los miembros de las diferentes cortes, ministros, gobernadores, diputados, alcaldes, etc. En los países nórdicos se pagan impuestos equivalentes al 70% en promedio, pero se ven reflejados en inversión social.

Qué vergüenza de gobierno nacional, los lobbystas de Santos con su propia versión de “Yidispolìtica” (nombre con el que se conoce el escándalo político desatado en Colombia en abril de 2008 a raíz de las declaraciones de la Ex Representante a la Cámara Yidis Medina quien admitió haber recibido ofrecimientos de dádivas de parte de funcionarios del Gobierno Nacional a cambio de su voto favorable al proyecto de reforma constitucional que permitió que Álvaro Uribe aspirar a un segundo mandato presidencial) convenció a los padres de la patria (congresistas) para aprobar su reforma tributaria, una reforma sin ética que ataca a la clase media y baja; generando un gran hueco fiscal, produciendo una mayor carga a la clase trabajadora y beneficiando a las grandes empresas nacionales y extranjeras.

Esta reforma, al igual que las de Educación y Justicia del presidente Santos que no se consumaron,  son de corte burocrático, pues es más fácil gravar asalariados que tocar los rendimientos al capital, tendrá mucho de económico pero nada de social. Tampoco lucha contra la evasión ni la elusión de impuestos, que son los problemas de fondo de nuestro andamiaje tributario.

Se repite como caballo de batalla de la prosperidad democrática que la reforma tributaria no afecta a la clase baja, sin embargo colateralmente deja  en vilo la supervivencia  de entidades como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF y el Servicio Nacional de Aprendizaje SENA, con la eliminación de los parafiscales. Entonces, es menester indagar sobre el futuro de los miles de niños de las familias colombianas de escasos recursos que acuden a las guarderías en busca de cuidado y nutrición; o los miles de jóvenes cuyo acceso a la educación superior es nulo y toman el atajo de formación técnica a través del SENA.

Razón tenía el profesor Mockus cuando en el furor de la campaña conminó a Santos a grabar en mármol su promesa de no aumentar los tributos si era elegido presidente. Santos  fue contundente en materia tributaria: “Le puedo firmar sobre piedra o mármol, si es necesario, que no voy a incrementar las tarifas de los impuestos durante mi Gobierno”, agregó que no había que aumentar la carga impositiva de los colombianos y que no era necesario “apostarle a mayores impuestos”, sino que, por el contrario, se debe buscar “mejorar los sistema de recaudo, sin tocar las tarifas“. De otra parte, Santos manifestó su rechazo al 4 por mil, lo destetaba tanto que el mismo contribuyó a la creación de este impuesto, que después él subiría del 2 al 3 por mil, justificado en una necesidad de coyuntura para rescatar la economía del país de la peor crisis en la historia. No obstante, a que en el 2012 la economía del país creció en un 4,9%, muy por encima de lo proyectado, la viciada reforma tributaria no se refirió al 4 por mil.

Apunta Santos que eliminar gravámenes a los empresarios contribuirá a la generación de más empleo, acuérdense de la reforma laboral de Uribe quien alegó que al eliminar las horas extras se generaría más empleo, FALSO, los empresarios terminaron aprovechándose para explotar más a la clase trabajadora por el mismo miserable valor de la hora laboral en Colombia.

En algo si tiene razón el presidente en su reforma tributaria y hay que abonárselo, ya empezó en marcha la “equidad” de su prosperidad democrática, en un futuro no muy lejano la noble clase media se sentará en la misma mesa con las mismas condiciones de nosotros los indigentes del sistema. Bienvenidos a la pobreza, solo quedarán dos clases en Colombia: ellos los Ricos, la amiga oligarquía de Juan Manuel y nosotros, usted y yo, “los relegados”.