La paz no es la ausencia de la guerra.

Los candidatos presidenciales empezaron a desempolvar sus esquelas de Paz y Guerra, barajas  propias de los procesos electorales en Colombia en las últimas décadas. Es de caracterizar  que de manera intercalada hemos tenido gobiernos pacifistas y guerreritas; ninguno tan cerca como ahora de lograr el cese  a las hostilidades que han sometido a la nación por más de medio siglo. A unos nos le alcanzaron cuatro años por la vía del diálogo  y a otros le fueron insuficientes ocho, por la vía bélica.

En tiempo de elecciones los colombianos deambulamos subordinados en torno al flagelo de  guerra o a las promesas de paz, por lo que poco importan los candidatos, finalmente terminaremos votando por las propuestas de guerra y de paz, símiles a nuestra condición o conveniencia, como desde la tras antepenúltima década, refrendado la auto condena al tercer mundo.

Poco importa de lo que no se habla, en las previas a las presidenciales los grandes temas ausentes han sido: la salud, educación, seguridad, pobreza, vivienda y bienestar; entre un sin fin. La preminencia la marcan los temas de mayor susceptibilidad entre la generalidad de los colombianos, por lo que sacando provecho de ese espíritu pasional que caracteriza a nuestros congéneres, al pueblo se le vende lo que quiere ver, es así como tanto pacifistas y guerreristas toman por caballo de batalla la paz no importando los medios para intentar conseguirla.

La contienda por la máxima curul en la casa de Nariño para el  próximo cuatrienio se encuentra reñida entre dos grandes poderes: los de la rancia oligarquía bogotana, quienes están convencidos que el país puede avanzar únicamente sobre un acuerdo de paz; y la supremacía paisa, de estirpe guerrerista, quienes consideran que el país puede progresar paralelamente al conflicto y que no están dispuestos a ceder en las pretensiones de la izquierda radical. Es decir, los colombianos estamos sometidos a dos tipos de intereses e idiosincrasias: los de la innata crema paisa y los de la rancia nata rola.

Ambos sectores inobservan que para alcanzar la Paz no basta con concluir el conflicto armado, menos en una sociedad como la nuestra, marcada por la enorme brecha de desigualdad social, miseria, injusticia, corrupción y ausencia del estados en otros frentes que por constitución debe garantizar.

La búsqueda de la paz es el común denominador para todos los colombianos, lo que más anhelamos sentir y vivir, y que nos ha sido esquivo por lo menos durante los últimos cincuenta años. Como corolario, no conocerla representa no saber definirla ni interpretarla, por lo que solemos creer que la Paz se logra cuando no exista un conflicto bélico, siendo que precisamente las causales que motivaron la guerra fueron entre otros, los mencionados en el `párrafo precedente. Por tanto, mientras prime ese boquete de diferencias sociales, económica y de oportunidades; mientras subsista el desempleo, un sistema de justicia retrogrado y precario, mafias en la salud, una educación deficiente y la propagación de la delincuencia común y organizada, la guerra siempre nos acechará. En sus tesis, Maquiavelo planteaba que la guerra forma parte de la realidad política, y el apetito del individuo nunca es anulado por ninguna instancia superior.

Un verdadero concepto de paz debe apuntar a un estado de tranquilidad y de bienestar, donde no exista la posibilidad de generar conflictos, donde no haya abusos ni avivatos, donde prime el bienestar común, en una nación provista de más armonía, más equidad e igualdad de oportunidades.

Está claro que la guerra no es el cáncer que carcome al país, muestra de ello los avances progresivos en medio del conflicto. No obstante constituye un gran negocio para muchos, siendo que la guerra  cuenta con una importante tajada en el presupuesto de la nación, sobre otros sectores como la salud, vivienda y el agro; aunado a ello, constituye el presupuesto de guerra más aprovisionado de la región con una asignación para el 2013 de más de 12, 6 billones.

Hablar de paz y guerra en Colombia por estos días, es hablar de política y elecciones; y hablar de elecciones es hablar de guerra y de paz.