La Paz una guerra de egos.

La Paz pasó de ser un consenso de discursos presidenciales a un cuadrilátero de exhibición de egos y sondeo de poder, arreglado  por quienes con sus métodos y a su manera intentaron someter sin éxito a las Farc, y hoy se oponen con mezquindad a que otro alcance el logro que ellos no.

A los ex Presidentes Uribe y Pastrana los une hoy la soberbia y la codicia que antes los distanció. Los primeros sapos que tuvieron que tragarse para consagrar la  unión fue indultar los insultos de hace meses cuando Pastrana aún simpatizaba con el proceso de Paz de La Habana y reprochaba a Uribe por haberse sentado con el narcotráfico, el cartel de Medellín y los paramilitares en su gobierno,  además expresó que Uribe era el único colombiano que nunca le dio a su país la posibilidad de Paz.

La coalición  Uribe –Pastrana busca desacreditar el proceso de Paz para que este no se lleve a cabo, por lo menos no durante el gobierno Santos. Aún cuando gane el Sí, no descansarán en su misión de entorpecer los avances en el posconflicto.

Uribe y Pastrana fracasaron en sus intentos por desarmar a las Farc  tanto por la vía del diálogo como por la represión militar; además accediendo, ofreciendo y/o otorgando mayores prebendas y libertades a los actores del conflicto armado en general, que las negociadas por Santos.

Pastrana desmilitarizó durante cuatro años, 42.000km²  de territorio en San Vicente del Caguan, lugar donde hospedó a las Farc para gestionar el fin del conflicto. A falta de control militar las Farc tomó control absoluto de la zona y su población, impuso sus propias leyes, se fortaleció militar, política y económicamente en provecho de la permisividad del gobierno. En esa época se elevó el secuestro extorsivo y el narcotráfico, se crearon nuevos frentes de guerra y se reclutaron nuevos combatientes. El Caguan era como un Estado dentro del Estado.

Uribe buscó dialogar con las Farc por múltiples medios y alocuciones, a través del Alto Comisionado para la Paz Frank Pearl planeó reunirse con Alfonso Cano y Pablo Catatumbo  en secreto en Brasil, propuso una nueva zona de despeje para dialogar con las Farc, incluso expresó su disposición a cambiar la Constitución para admitir curules en el Congreso para las Farc, todo esto sin reparación ni verdad. Uribe también autorizó al empresario facilitador de los acuerdos de Paz Henry Acosta para transmitirle a las Farc que entregaran las armas y que a cambio los enviaría a Francia, toda vez que tenía un acuerdo con el Presidente Sarkozy. Una ley de destierro con impunidad.

Ante la ONU, Uribe defendió un proyecto de Ley que establecía la suspensión de penas carcelarias para los delitos de lesa humanidad cometidos por todos los actores del conflicto armado en Colombia, con penas restrictivas (como ahora) de circulación por el territorio y prohibición de acercamiento a las víctimas. Dijo Uribe aquella vez: “La Paz definitiva es la mejor justicia”.

Del pacto de Ralitos, la convención secreta e ilegal que reunió a jefes paramilitares con políticos colombianos derivó la Ley de Justicia y Paz que amnistió a más de 30mil paramilitares de facto y que según el ex Presidente Pastrana “sirvió para legalizar a capos del narcotráfico que se hicieron pasar por jefes paramilitares”.

En el primer gobierno de Uribe se les pagaba a los paramilitares y guerrilleros desmovilizados $636.000 mensuales cuando el Salario Mínimo era de $332.000, muchos ganaron $2.000.0000 durante año y medio y dos años; todos, sin compromisos de resarcimiento, capacitación, perdón, trabajo social, apoyo psicosocial o un programa de reinserción.

El actual proceso de Paz resulta menos oneroso y más garantista que los anteriores donde no se logró la paz, ni justicia, ni perdón, ni desmovilización total, en cambio sí el fortalecimiento de las Farc y la mutación de las AUC a las Bandas Criminales Emergentes Bacrim que trasladó a las ciudades el conflicto rural. Antes todo fue impuesto y no consultado a los colombianos como hoy con el plebiscito.

Por qué sí aceptamos la Paz de los gobiernos Pastrana y Uribe y no la Paz del gobierno Santos, si tanto lo negociado en El Caguan, Santa Fe de Ralitos y en La Habana finalmente están fundados en el mismo mandato constitucional de la Paz.

Imposible que no haya nada bueno en los acuerdos de Paz para Uribe o para Pastrana, denotando la prevalencia del odio engendrado por la beligerancia de egos, fama y ambición más que de razón.