Las oposiciones Santistas

La política Colombiana de los últimos años ha estado marcada por su prominente dinamismo e imprevisibilidad. Por primera vez, desde que tengo uso de razón, el gobierno enfrenta tanto oposición de Izquierda (tradicional) como de derecha; y lo más paradójico, oposiciones divididas e irreconciliables. Contrario a que se suele considerar que la oposición une y los gobiernos dividen, aquí ocurre lo inverso, máxime cuando es la derecha quien funge de oposición radical, mientras la izquierda de pacífica.

El romance de Santos con sus casi ocho millones de electores, que representaron el 51% de los ciudadanos sufragantes feneció, por lo menos la mitad de éstos regresaron a sus escenarios congénitos  a integrar la oposición; es de caracterizar la izquierda partidista, los simpatizantes libres de la misma, periodistas e intelectuales neutros e indefinidos y antiuribístas; entre otros gremios y expresiones libres.

Santos tendrá que gobernar con tres tipos de oposiciones, que sumadas pero no revueltas  representan mayoritariamente el conglomerado disconforme con su deficientemente gobierno precedente. Tales oposiciones, diferenciadas por sus actores y métodos, contrarrestarán la debilitada Unidad Nacional, que no logró por si sola la victoria Santista.

El primer gran obstáculo que enfrentará el Presidente, es la oposición radical de la derecha, representada en el uribísmo y en el ala pastranista del conservatismo; lidera por el ex Presidente  Uribe y asistida por casi siete millones de colombianos que refrendaron su proyecto de remota de la Casa de Nariño y que suponen la perdida de la hegemonía que caracterizó al uribísmo en los días de Uribe como Presidente. Deliberadamente, esta oposición ejercería barricada a cualesquier acción del Presidente, por buena que ella sea; a juzgar por las posiciones inciviles, desdeñosas y derrotadas del ex Presidente y sus discípulos. Es menester resaltar, el sinnúmero de ataques y advertencias que han ejercido los mismos, desde el pasado debate electoral, que entrevé cuál sería el rol de éste importante sector si se quiere, en el próximo cuatrienio.

Con considerable participación en el legislativo, el UCD y afines, desafiarían con vehemencia el proceso de Paz, razón fundamental de la victoria de Santos y con la cual sin duda, volvería a lograr mayoría en el Referéndum. No obstante, aún queda en vilo cuál sería el flanco de acción del  ex Presidente y Senador electo Uribe, de quién se cree no se posesionaría en el Congreso para el próximo período legislativo, evitando así quedar sujeto judicialmente a la Corte Suprema de Justicia; ahorrándose de paso, enfrentar a otros pesos pesados del Congreso a los que él, en su gobierno como Presidente atacó fuertemente, inclusive quienes fueron interceptados y hostigados por el DAS.

De otra parte, la oposición de la izquierda Robledista, un sector minoritario pero fuerte, convincente y sin pasado turbio, que representa el conservatismo moderno de una izquierda liberal. Que no comulga con nadie distante de sus tesis ortodoxas. Más testaruda que radical, ésta oposición, personificada por el siempre distinguido Senador Robledo, hoy más halagado paradójicamente por los uribístas y cuestionado por importantes y suficientes sectores de la izquierda de sus entrañas,  quienes le imputan haber hipotecado sus persuasiones al haberse declarado inane ante el riesgo que representaba el retorno del oscurantismo.

Aunque no se conoce con claridad cuál será su futura posición ante el eventual referéndum por la Paz, está por demás entendida su marcada postura de oposición objetiva,  constructiva e incompatible  al gobierno del Presidente Santos.

Por último, una  oposición extensa y símil en ideología;  pero igualmente divida y desorganizada de acuerdo a sus intereses; representada mayoritariamente por sectores de izquierda partidista y colectivos minoritarios, que descendientes de la misma ideología se embisten de nuevas banderas que pretenden finalmente lo mismo; entre ellos: un importante sector del Polo Democrático Alternativo, la Marcha Patriótica, el Movimiento Progresista, la resucitada Unión Patriótica, el Partido Verde, las Centrales Obreras y otras organizaciones dispersas.

Esta última oposición, fue determinante en la relección del Presidente, auspiciando el mal llamado Santismo eventual, quienes sin pignorar su conciencia  respaldaron el proyecto por la Paz y hoy retornaron a sus menesteres. Seguirá siendo como desde antaño la más objetiva, perenne y madura oposición, que más allá de sus convicciones, es capaz de discernir cuando debe ceder por el devenir del país.

Así las cosas, no la tendrá fácil el Presidente y menos en el capitolio los congresistas de la Unidad Nacional. Dado el calibre de los representante de la oposición, no sólo tendremos grandes debates, sino también, vislumbrada la prominente discusión, importantes reformas en los sistemas que ameritan intervención urgente y que constituyen las verdaderas demandas sociales del país.

Por último, medirá nuevamente su potencial electoral el Presidente, con el Referéndum por la Paz, el cual deberá apurar, so pena de desaprovechar la efervescencia de la polarización política que acomete al país, dónde sin duda, contaría con la refrendación del apoyo que lo hizo reelegir.