Ni en el luto nos reconciliamos

Es tal el menoscabo social que le ha causado la polarización política al país que ni en la desgracia existen causas comunes, es como si fuésemos una sociedad enferma en fase terminal. No acabábamos de asimilar la dolorosa noticia del atentado terrorista contra la Escuela de Cadetes de la Policía cuando numerosas voces, del sectarismo propio del debate político en Colombia, se alzaban para condenar a un sector y al otro, por la autoría o el germen de la masacre.

De forma inmoral y despreciable han arraigado el oportunismo y la búsqueda de réditos políticos y electorales en medio de la tragedia y el dolor ajeno; aunado a ello, el irrespeto por las víctimas, verdaderas dolientes de la desgracia. Desde las más altas dignidades: expresidentes, congresistas y servidores públicos, hasta candidatos, dirigentes, activistas y periodistas, se han sumado a la indolente y hostil sucesión de manifestaciones de rivalidad partidista e ideológica que sugieren culpables de ésta y muchas otras desgracias.

La “malicia indígena” que caracteriza al colombiano, sumada a la precaria credibilidad de las que adolecen  algunas instituciones y sectores políticos del país, alcanzan para cavilar, contrastar y cuestionar desde hipótesis e investigaciones; sin embargo, las teorías conspiratorias que se han viralizado en torno a la asonada  terrorista son a primera vista, producto de las rivalidades propias del debate político; principalmente, entre el partido de gobierno y algunas de las expresiones declaradas en oposición.

Si bien cualquiera está en su legitimo derecho de argumentar sus supuestos, no es políticamente correcto auspiciar el debate con revanchismos ni especulaciones sin fundamento y la publicación de imágenes crudas e innecesarias que aumentan el morbo y la indignación, así como la satisfacción de egos personales. Utilizar una tragedia con fines políticos es simplemente impúdico, provenga de donde provenga.

Ha salido a la palestra la “paz de Santos”, la desgarradora época de los falsos positivos y autoatentados, las capturas exprés y el asesinato sistemático de líderes sociales, entre otros. Todo lo anterior con el fin de exteriorizar en algunos casos el resentimiento y en otros la impotencia, pero, sobre todo, para capitalizarse política y electoralmente. Todo esto, so pena del perjuicio de las familias que hoy lloran a sus seres queridos mientras deben tolerar cómo la sociedad se sume en el odio político y no en la solidaridad con las víctimas.

Otro hecho que refrenda la cada vez mayor polarización política, es la renuencia de activistas y parte de la sociedad civil a la marcha organizada por el uribísmo contra la violencia y el terrorismo, donde se le ha recordado al uribísmo su oposición a la paz, su ausencia en la consulta y en las marchas contra la corrupción y el Fiscal, la banalización a la protesta estudiantil,  y su silencio y omisión frente a la matanza de líderes sociales.

Es lamentable que las causas no valgan tanto por lo que pretenden sino por quién las promueve; es decir, no importa qué tan benéfica o lesiva sea una idea, basta con tener una identidad con quien la propone y de ahí dependerá el respaldo. ¡A esa instancia hemos llegado!

Claro que hay que rodear a nuestros policías y marchar contra el terrorismo, pero no de manera selectiva, los líderes sociales también son héroes y el holocausto contra estos también es terrorismo e igualmente deben despertar la solidaridad y compromiso de la sociedad.

La protesta también debería ser en favor de la prudencia y en contra del abominable oportunismo político.

La incapacidad de unidad entre los colombianos máxime en el desconsuelo, es una prueba de los lejos que estamos de extirpar la confrontación y las guerras que nos persiguen desde ante de emanciparnos del yugo español. La polarización en metástasis nos continúa condenando al subdesarrollo social, político y cultural.

Debería la clase política, seguir el ejemplo de los estudiantes universitarios que se alistaban para protestar contra el Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía -Esmad- , y ante los infortunados hechos, eligieron posponer su lucha y dirigirse a los centros de atención y donar sangre para los policías heridos en el atentado, ¡eso es solidaridad!, al margen de las diferencias.