Rendición de Cuentas en la Administración Pública

Las características de la rendición de cuentas en la administración pública han forjado un gran enigma a partir de la multiplicidad de interpretaciones que sobre la política pública y reglas de juego han venido gestándose en los diferentes escenarios de los gobiernos y administraciones del orden nacional y local. Creer que una audiencia pública de rendición de cuentas con la ciudadanía es suficiente es un error que ha sido acolitado por las evaluaciones nacionales que mayoritariamente se limitan a calificar la realización de la audiencia inobservando si se cumplen los objetivos esenciales y el espíritu de la rendición de cuentas.

Las audiencias de rendición de cuentas en la práctica, terminaron siendo foros unilaterales donde los gobernantes exponen lo positivo de su gestión casi como un monólogo de un evento más parecido a una campaña política que un informe de gestión gubernamental, y en algunos casos, suelen ser amparados por un comité de aplausos que adulan la gestión sin nadie que cuestione, pregunte, controvierta o peor aún, que no haya espacio para hacerlo. Rara vez encontraremos un gobernante que pueda referirse sobre sus desaciertos, las tareas que quedaron pendientes o sobre los posibles daños y perjuicios que su administración le ocasionó al erario público y a la comunidad.

En esencia, la rendición de cuentas es una expresión de control ciudadano que comprende acciones de información, explicación y justificación; es decir, donde el ciudadano no se limite a escuchar, sino que también pueda preguntar, cuestionar y el gobernante está obligado a responder y justificar sus ejecutorías. El espíritu de la rendición de cuentas busca promover la transparencia y la integridad en la cotidianidad del servidor público, el diálogo entre el Estado y los ciudadanos y el fortalecimiento del control social que ejerce la ciudadanía, y, por consecuencia, el mejoramiento de la función pública.

La legislación ha sido categórica en refrendar que la rendición de cuentas es un derecho ciudadano orientando a conocer y vigilar las actividades y decisiones de la administración pública, y que no es suficiente la celebración de una audiencia pública de rendición de cuentas para cumplir con los objetivos de la política pública. De modo que un verdadero proceso de rendición de cuentas debe cumplir al menos con los lineamientos mínimos establecidos en la política nacional de rendición de cuentas de la rama ejecutiva a los ciudadanos erigida en el Documento Conpes 3654 de 2010 y complementada en la Ley Estatutaria 1757 de 2015.

El primer elemento hace referencia al deber de las entidades públicas de entregar INFORMACIÓN, difundir datos, estadísticas, noticias y ejecutorías en general a través de diferentes canales, de forma oportuna, actualizada, completa, veraz y con calidad; es decir, este componente de la rendición de cuentas implica la garantía del derecho de acceso a la información y a la documentación pública expresada también en la Ley 1712 de 2014.

La expresión simple, clara, confiable y directa de la información constituye el elemento de LENGUAJE CLARO, y busca promover una actitud abierta y comprensiva del servidor público para informar y dialogar con los ciudadanos para generar una comunicación fluida y cooperada para el que ciudadano encuentre lo que busca, entienda lo que encuentra y pueda usar la información para satisfacer sus necesidades.

Con el fin de ofrecer explicaciones y justificaciones que respondan a las inquietudes de los ciudadanos frente a las acciones y decisiones propias de la administración pública, se busca promover el DIÁLOGO a través de espacios presenciales-generales, segmentados o focalizados y virtuales, garantizando la posibilidad de interacción, pregunta-respuesta y aclaraciones sobre las expectativas de los ciudadanos.

El último elemento, busca interiorizar una cultura de rendición de cuentas en los servidores públicos y ciudadanos a partir de la generación de INCENTIVOS orientados a estimular y/o reforzar la participación de estos en los procesos de rendición de cuentas, mediante la capacitación, el acompañamiento y el reconocimiento público de experiencias.

El proceso de rendición de cuentas implica además que exista una comunicación permanente con la ciudadanía (asociaciones, gremios, veedurías, academia, medios de comunicación y ciudadanos en general) y que la difusión de la información sea amplia y accesible, por lo que cobran mayor relevancia las tecnologías de las comunicaciones como herramienta de apoyo en el proceso.

De modo que publicar información permanente, actualizada, oportuna, veraz, completa, de interés en la página web, prensa, televisión, radio, desarrollar una audiencia pública participativa, un foro temático (presencial o virtual), mesas de trabajo con la ciudadanía, asambleas comunitarias, espacios de diálogos a través de las tecnologías de la información, grupos focales y otros constituyen el ideal de la rendición de cuentas.