Tips para candidatos II

Recordemos que candidatos somos todos, a cada momento y en todo lugar; inevitablemente siempre nos estamos vendiendo, frente a una persona, a un grupo significativo o ante multitudes. Uno de los principales problemas que encontramos en la comunicación es errar en la forma como transmitimos el mensaje, principalmente cuando lo hacemos frente al público. Los tips de esta semana proveen  técnicas que te ayudarán a realizar un gran discurso, con  elocuencia, sin empleo de muletillas, evitando detalles marginales; y lo principal, que convenza.

La semana anterior analizamos que el 92% de la comunicación interpersonal se realiza de manera no verbal, es decir, sin emplear palabras. Exteriorizamos nuestro conocimiento, seguridad y todos los sentimientos a través de los ojos, gestos, actitudes y movimientos corporales. Ver Tips para candidatos I aquí.

El primer paso para hablar en público consiste en preparar el tema. El dominio de la elocuencia no se logra sino dominas el tema que deseas tratar.  Debes tener claro el objetivo de lo que pretendes transmitir, esa es la razón para que inicies la conversación. Quienes te escuchan lograrán captar sólo dos o tres ideas, no diez ni veinte; de allí la importancia que puedas decirlo claro y conciso. Si tú no sabes con precisión lo que dieres decir, mucho menos lo sabrá tu público.

Concéntrate en el tema y en tu objetivo, evita emplear detalles marginales que desorienten lo que quieres decir, enfócate sólo en el tema, es conveniente que no abarques más de una idea a la vez; que pueda decirse en lo posible en una sola expresión gramatical, que sea breve, pero a que a la vez sea clara y robusta. Para ello sugiero la escribas, sí, escribe tus discursos, los grandes oradores no improvisan, no lo dirán, pero les aseguro que no improvisa, ellos tienen claro y estructurado en su mente  lo que van a decir, por eso logran influir en las personas.

Preparar bien el discurso es fundamental en la oratoria, se dice que Demóstenes, uno de los oradores más relevantes de la historia, se encerraba en su casa y no salía hasta no tener preparado sus discursos. Para evitar la tentación de salir se afeitaba media barba,  y sólo la nivelaba cuando estuviese listo el discurso. Igual lo hacía Adolf Hitler, él no era un gran orador, pero se  miraba en el espejo  y practicaba una y otra vez, analizaba sus estímulos, su determinación y cuándo notaba que incluso se intimidaba asimismo, sabía que el discurso estaba listo. Su técnica consistía en concentrarse en cómo lo decía más que en el contenido.

De por sí hablar en público nos coloca nerviosos, ahora imagínate si no te sabes el tema, esa inseguridad nos multiplica los nervios. Supón que te sabes sólo dos minutos de un tema, de un poema, o de un recital; una vez lo dices de qué hablarás después, es posible que empieces a divagar y a ser repetitivo; claro no tienes fondo, sólo preparaste dos minutos; es el justo momento que tienes para tu intervención, después de eso sin una buena preparación lo marginarás. Al finalizar cada conferencia de medio, uno o dos días se me acercan a consultar, sobre cómo hago para mantener la expectativa del público, claro, yo preparé el tema para ese tiempo, he estudiado lo que voy a decir, por eso no margino mis intervenciones. Igual lo puedo hacer en un minuto, en cinco o en dos días, porque me he preparado para ello.

Cuando tengas listo tu discurso o alocución: practica, practica y practica; dilo con tus palabras, no memorices, al menos que sea algo en particular: una cifra, biografía, o algún dato que así lo requiera. Practica con tu pareja, frente al espejo, en una reunión social, hazlo en todo momento y este discursos se fijará en tu memoria al tiempo que te va orientando donde debes reforzarlo. Si lo preparas bien, el discurso fluirá naturalmente.  Practica especialmente el inicio y el final, el principio transmite seguridad y el final es lo último que recordarán de tu presentación. Por ello has que tus últimas palabras sean sensacionales y convincentes.

Todo discurso se estructura en tres partes: i) el exordio o entrada, ii) el desarrollo o nudo, y iii) la conclusión o desenlace. Creemos que lo más importante del discurso es el desarrollo, nos concentramos más en él y no nos fijamos en lo más atractivo para la mente humana. Revisemos, el exordio es el encargado de generar la expectativa, es tu entrada, debes lograr entre treinta y sesenta segundos cautivar al público, inconscientemente el público se atornillará en su puesto, como diciendo, de aquí no me muevo, algo bueno va a pasar en esta charla; de que despierte ese interés en éstos primeros segundos, dependerá la atención y disposición del público en el tiempo de tu alocución.

En la conclusión debo estimular la solidaridad del público, para que me acompañe en mis propósitos, lo que he querido transmitir todo el tiempo. Si hago un buen exordio habré ganado el 40% del discurso, un 20% en el desarrollo o nudo, y otro 40% en la conclusión.  Notamos  que el discurso depende mayoritariamente de un buen exordio (expectativa) y conclusión (solidaridad), si logro ese 80% habré ganado con mi discurso. El núcleo es importante, pero no lo es más que los otros componentes. He visto muchos discursos espectaculares, entre otros los de Barack Obama, lo hace en tres minutos y no trabaja el desarrollo, es increíble como logra mantener la expectativa y colocar la gente a su favor y no trabaja el tema; sólo se concentra en el exordio y la conclusión.

Mucho depende de la primera impresión, de tus palabras iniciales. A menudo se gana o se pierde el auditorio con las cinco o primeras seis o frases.  Cuando empiezas a hablar  sobre ti, a agradecer a todo el mundo, o a excusarte por algo, y lo digo porque hay personas que de manera inexplicable empiezan sus discursos pidiendo disculpa, y no sé por qué lo hacen, pero tengo claro que jamás se debe hacer. Si eres de esas personas, que emplea el primer minuto saludando y agradeciendo y otro más hablando de tus títulos, de tu vida, etc. Terminarás botando tus minutos para generar la expectativa y desperdiciando la oportunidad para conectarse con el público  y causar empatía; por eso la gente se distrae, se sale del auditorio, se agotan  e incluso se duermen.

Recuerda que el público dedicó un espacio de su tiempo para encontrar algo que su inconsciente quiere escuchar, entonces díselo, debes saber qué quieren escuchar, cuáles son sus expectativas, poderlos llenar y saberlas decir, en ello consiste el arte de la persuasión.