Tips para candidatos III: técnicas para hablar en público

Quienes me escribieron a partir de las publicaciones de Tips para candidatos, son mayoritariamente personas sin ningún tipo de aspiración  en política. Ello me alegra mucho, que tengamos claro que directa o indirectamente todos somos candidatos, en todo momento y lugar de nuestras vidas, o a quién no le interesa saber cómo venderse, conectarse con los demás, mejorar su expresión verbal y no verbal e influir en las personas.

Esta semana continuamos con técnicas para hablar en público. Quienes no leyeron las entregas anteriores de Tips para candidatos, ojalá pudieran echarles un vistazo antes de proseguir: ver Tips para candidatos IVer Tips para candidatos II.

Todos nos colocamos nerviosos antes de hablar frente al público, igual se siente Lionel Messi antes de iniciar un partido de fútbol, siendo que lo hace en promedio dos veces por semana; le pasa a los cantantes y presentadores, incluso a los mejores oradores, pero hay algo que puede ser peor, estar nervioso y no dominar el discurso, de allí la importancia de tener claro, estructurado y aprendido lo que vamos a decir; y con el fondo suficiente de acuerdo al tiempo que vamos a emplear para decirlo. No debemos temerle a los nervios, estos impulsos   son nuestros principales aliados para romper el hielo en la comunicación, poder conectarnos, relajar los músculos que están tensos y encontrar nuestro momento de confort en el escenario. Debemos  lograr dominar los nervios y no que éstos nos dominen, y esto se logra muy rápido,  con las técnicas de movimientos corporales y la preparación del mensaje que tratamos en al artículo precedente.

Antes hablamos que el 92% de la comunicación en la interacción es no verbal, es decir, el lenguaje corporal que se llama Kinésica. La gente realiza prejuicios u opiniones y reacciona ante lo que decimos basándose básicamente en tres particularidades: visual, bocal y verbal. La visual, es la comunicación no verbal y representa el 55% de la expresión y es cómo nos vemos cuando comunicamos; el 37% es cómo nos escuchamos cuando hablamos, y el 8 % es el contenido de las palabras. Notamos entonces que los mensajes no verbales dicen más que las palabras.

Quien asiste a tu charla o conferencia no sólo compra tus palabras, también es influido por todo aquello que ve en ti: tu mirada, rostro, sonrisa, gestos, saludos, empatía,  ademanes, capacidad para captar el interés, apariencia, movimientos y la proxémica entre otros. Aprovecha tus cualidades al máximo, y cuida todas tus expresiones. Consciente o inconscientemente exteriorizamos nuestros sentimientos con los ojos, gestos, movimientos y actitudes del cuerpo. Podrás decir lo que quieras, pero finalmente hasta tus poros te delatarán.  Por eso los mejores discursos son aquellos de cuyo contenido estamos convencidos, por tanto existirá una cohesión entre lo que decimos y expresemos de manera no verbal.

Cómo nos vemos cuándo nos comunicamos con los demás es una pregunta muy frecuente. Dirígete al espejo cuando estés hablando por teléfono en diferentes situaciones, cuando alguien te va a prestar dinero, estés enojado o acabes de recibir una buena noticia , notarás que tu cuerpo y rostro serán el reflejo de tus sentimientos; por eso a veces en la comunicación aun cuando no estemos viendo al interlocutor  percibimos que hay algo extraño en él, en la forma de su voz, su ritmo, pausas, timbre, y mejor aún, si lo tenemos al frente, su postura, mirada o gestos, nos lo revelan.

La postura es un indicador de tu personalidad que contribuye al impacto sobre tu imagen, a veces llevo dos o tres días viajando y dando  conferencias todo el día y claro que estoy agotado, pero qué estímulos enviaría a mi auditorio si mi cuerpo estuviese arqueado o recostado, o la cabeza como un péndulo; éstas posturas pudieran ser interpretadas de diferentes formas por el público. Sólo hay una forma de proyectar seguridad con el cuerpo y es manteniendo una postura erguida, además transmite energía, mientras libera los músculos de la tensión.

Actúa como líder, no emplees en tu alocución  atril o escritorio, ello te distanciará del auditorio. Lograrás hasta un 40% de cercanía con tu público sin ninguna de éstas barreras. Si los utilizas, además de crear la antedicha muralla, es importante que sepas que hay un sector  del inconsciente de los asistentes  que terminará asociándote con un  profesor o jefe,  y no con un amigo en el escenario.  Si ya sabes que el cuerpo se comunica más que la voz entonces para qué vas a ocultarlo detrás de un mueble.

Para presentaciones con poco público utiliza un triángulo como patrón de movimiento mientras hablas, imagínate un triángulo, vas a caminar en  esa forma. Hazlo despacio y realiza una breve  pausa en cada ángulo, siempre manteniendo el contacto visual con el auditorio. SI el público está distribuido en dos columnas, imagine la letra E mayúscula bocabajo, en ese sentido debes caminar en el auditorio, por los laterales y en la mitad, llegando sólo a hasta las tres cuartas partes del recorrido, nunca hasta el final y jamás se debe pasar por detrás de las personas.

Cuando hablas, tus manos jamás deben tocar tu rostro, y nunca puedes cruzar los brazos; en cambio cuando escuchas es válido hacerlo, incluso cubrir con tu mano tu mentón y  estirar el dedo índice hacia tu nariz y asentir el comentario de tu interlocutor moviendo tu cabeza hacia arriba y abajo controladamente. Este guiño estimulará a tu  auditorio, lo harás sentir importante. Aun cuando la intervención no sea apropiada a tu juicio, jamás censures el comentario con un no, te aconsejo digas: claro, pero además de eso y ahí empalmas con tu aclaración. Recuerda que estás ahí por tu público y debes estimularlo, la empatía es con ellos y no con tu ego.

Debes preocuparte por convencer y emocionar, para convencer requieres de habilidad para demostrar con suficientes argumentos el mensaje que estás transmitiendo; y para emocionar, debes pensar en el mensaje persuasivo. No leas, habla. Si lees no harás contacto visual y perderás tu público en el momento que menos los crees, generalmente desde el inicio. Leer en el auditorio no resulta tan eficaz como decirlo tú mismo, quizás no sea tan pulido tu discurso, pero es mejor cuando eres espontáneo. Jamás debes memorizar tus palabras, tu cuerpo, gestos y voz te delatarán.

Dilo con pasión. Cuando compartas una experiencia debes lograr causar la misma impresión que la información causa en ti: tristeza, alegría, emoción, etc. El camino más rápido para llegar a la voluntad de las personas es a través de la imaginación, conviértete en un narrador, con ejemplos, anécdotas, parábolas  y con todo tipo de ilustraciones y experiencias que sean fáciles de asociar por tu auditorio. Albert Einstein decía que la imaginación es más importante que el conocimiento.

Sé tú mismo, no pretendas fingir alguien que no eres, tu público tarde o temprano lo notará. Habla con pasión, dilo con tu cuerpo, tu cuerpo es el mensaje, habla de lo que le interesa a la gente, no de lo que te gusta a ti. Apela al buen humor, la letra con sangre no entra; mantén la expectativa todo el tiempo, que tu intervención sea dinámica, debes lograr no sólo hablarle a las mentes de las personas sino también a sus corazones.